Un incendio de 33.000 hectáreas ardió este verano en una de las zonas con menos habitantes de toda Europa. No es casualidad geográfica. Es la clave para entender lo que pasó en La Mierla, y no es un caso aislado.
Lo que ocurrió
El fuego arrancó el 16 de julio y no se dio por controlado hasta el 27. Quemó 33.022 hectáreas repartidas entre 27 municipios de Guadalajara, con una densidad de población ponderada de solo 1,80 habitantes por kilómetro cuadrado. La Unión Europea considera “despoblado” cualquier municipio por debajo de 12,5 hab/km² con tendencia demográfica a la baja; el área quemada está siete veces por debajo de ese umbral.
Más de la mitad de la superficie quemada se concentra en solo seis municipios: Semillas, Zarzuela de Jadraque, Bustares, La Miñosa, Prádena de Atienza y Tamajón. Semillas, el que más aportó con 4.735 hectáreas, tiene 0,6 habitantes por km². El 51% del área quemada cayó dentro de la Sierra de Ayllón, un espacio de la Red Natura 2000. La severidad media del incendio se quedó en 0,48: moderada-alta.
Y La Mierla no es un caso aislado, como vimos en el anterior blog: Una década de Incendios Forestales en España, es el último de una lista que se repite cada verano en el mismo tipo de territorio: Navalacruz (Ávila, 2021, 23.000 ha), Tábara (Zamora, 2022, 32.000 ha), Ateca (Zaragoza, 2022, 14.000 ha), Ladrillar (Cáceres, 2022, casi 13.000 ha) y es solo un pequeño ejemplo. Todos en las cinco comunidades autónomas que concentran la mayoría de los municipios despoblados de España: Castilla-La Mancha, Castilla y León, Aragón, La Rioja y Extremadura. Y todas, no por casualidad, las que reparten más hectáreas de bosque por habitante. En Castilla-La Mancha tocan 1,75 hectáreas forestales a cada persona que vive allí. Es mucho monte para muy poca gente que pueda cuidarlo.
Por qué se comportó así: del combustible al despoblamiento
Una explicación típica de los incendios que se descontrolan es por la continuidad del combustible: masas forestales homogéneas, sin gestión, sin cortafuegos naturales, sin mosaico de usos que frene el avance de las llamas. Es una explicación correcta, pero incompleta si se queda ahí.
Pero, no conviene caer en la trampa de “se despobló, luego ardió”. España es ya el país de Europa que acumula más superficie quemada desde que existen registros, y no es casualidad que sea también una de las regiones del continente que se calienta más rápido. El verano de 2026 trajo condiciones meteorológicas extremas, y ese factor pesa tanto o más que cualquier variable demográfica en el comportamiento del fuego. Lo honesto es decir que la despoblación no provoca el incendio: amplifica un riesgo que el clima ya está disparando por su cuenta. Un territorio casi vacío y un verano extremo no son dos causas que actúan por separado, se multiplican entre sí.

Qué nos enseña
La respuesta no es solo “hace falta más selvicultura preventiva”, aunque hace falta. Una selvicultura preventiva sin gente que la sostenga en el tiempo tiene fecha de caducidad. La ganadería extensiva bien gestionada es, en la práctica, una herramienta más contra incendios: cada rebaño que pasta un monte es un cortafuegos que se mantiene solo, todo el año. Recuperar mosaicos mixtos y dar valor económico real al monte a través de la bioeconomía forestal es lo que permite que alguien decida quedarse a gestionarlo en vez de vender la parcela y marcharse.
Y conviene detenerse en algo que casi nunca se pone sobre el mismo mapa: el de la despoblación y el forestal se solapan en un alto porcentaje. No es casualidad. Donde no hay gestión del monte no hay oportunidades, y donde no hay oportunidades la gente acaba marchándose. Leído al revés, la conclusión es mucho más esperanzadora: impulsar la gestión de los montes es, en la práctica, generar oportunidades en el territorio. Un trabajo estable y con un salario decente fija más población que casi cualquier otra medida. Y para que eso sea posible, dos medidas posiblemente muy útiles serían: (1) la fiscalidad adaptada, tanto al medio forestal como al rural, como el simple ajuste de un sistema a una realidad que hoy no existe y (2) la profesionalización de un sector.
Y desde selviaula lo tenemos claro. No hay gestión forestal sostenida sin gente formada que pueda vivir de ella. Es la pieza que conecta la teoría del paisaje en forma de mosaico con la realidad de un pueblo de 0,6 habitantes por km² que necesita empleo real para no acabar de vaciarse del todo.
Apostar por estos dos principios sería un impulso real para el sector forestal y el medio rural.
Un verano que ya pesa
La Mierla no es un hecho aislado dentro de la temporada, ni siquiera en la propia provincia de Guadalajara, donde otro gran incendio, el de Corduente, en el Alto Tajo, declarado tan solo cinco días después y cuando el primero todavía no estaba controlado, quemó cerca de 3.000 hectáreas. España ha superado ya las 217.000 hectáreas quemadas en lo que va de 2026, con 35 Grandes Incendios Forestales, entre ellos los de Ávila, Madrid y Toledo, que llegaron a activar la emergencia de interés nacional.
De hecho, cuando se escriben estas líneas La Mierla ya ha dejado de ser el mayor incendio del verano. Semanas después, el fuego de Navaluenga (Ávila) lo superó con holgura y se ha convertido en el más grande del año: 43.853,8 hectáreas, de las cuales 31.258,3 (el 71,3%) eran arbolado y 12.595,5 (el 28,7%) superficie no arbolada, con el Pinus pinaster como especie más castigada. Y esas cifras son solo las de Navaluenga: no incluyen los incendios vecinos de San Martín de Valdeiglesias, en Madrid, ni el de El Barraco, también en Ávila, que ardieron por las mismas fechas. Cambia la provincia y la especie dominante, pero el patrón es idéntico al de La Mierla: territorio despoblado, monte continuo y un verano extremo que se multiplican entre sí. Que el récord se batiera apenas unas semanas más tarde, y a menos de cien kilómetros, nos hace reflexionar al equipo selviaula.
Cuando cierre la temporada de alto riesgo, haremos el balance completo de 2026: qué incendios han sido los más grandes, en qué tipo de territorio se han producido y si el patrón que vemos en La Mierla, se repite o no a escala nacional.
Revisa los datos del Incendio de la Mierla tú mismo
Todo lo que acabas de leer sale del panel interactivo que tienes justo debajo: activa la capa de severidad para ver dónde se concentró el daño, compara el mosaico real de especies del Mapa Forestal con la densidad de población de cada municipio, o consulta que parte del incendio cayó dentro de la Sierra de Ayllón y de la Red Natura 2000.
¡Ah! Y recuerda: si usas nuestros datos, ¡nómbranos! #selviaula
El fuego que crece donde no queda nadie: Guadalajara
Perímetro y severidad del incendio
Mapa interactivo del perímetro real del incendio (fuente: base de datos europea de grandes incendios de Copernicus EMS). Activa la severidad dNBR para ver la intensidad del daño, el Mapa Forestal para ver qué especie ardió en cada punto, la densidad de población para ver lo vacío que estaba el territorio, o la Red Natura 2000 para ver qué espacios protegidos quedaron dentro del perímetro.
Severidad general del incendio
Distribución de la superficie total del incendio (arbolada y no arbolada) entre las seis clases de severidad dNBR, y valor medio de dNBR calculado directamente sobre el ráster continuo dentro del perímetro real.
Superficie quemada por especie y severidad
Hectáreas quemadas cruzando el perímetro del incendio con el MFE25, desglosadas por las seis clases de severidad dNBR. Cada barra es una especie o uso del suelo; su longitud total es la superficie ocupada dentro del perímetro.
Ver tabla exacta (hectáreas por clase de severidad)
| Especie / uso del suelo | 1 · Muy baja | 2 · Baja | 3 · Baja-moderada | 4 · Moderada | 5 · Mod.-alta | 6 · Alta | Total (ha) |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| No arbolado (matorral/pastizal) | 6,44 | 1.095,77 | 2.110,19 | 3.861,46 | 6.155,29 | 3.247,76 | 16.476,91 |
| Pinar de pino pinaster (P. pinaster) | 0,12 | 374,94 | 1.015,60 | 1.466,18 | 1.379,91 | 2.057,91 | 6.294,66 |
| Pinar de pino albar (P. sylvestris) | — | 353,95 | 454,37 | 421,26 | 537,25 | 1.235,58 | 3.002,41 |
| Melojares (Quercus pyrenaica) | — | 136,82 | 260,32 | 364,73 | 525,15 | 343,25 | 1.630,27 |
| Encinares (Quercus ilex) | 0,08 | 206,87 | 251,59 | 356,59 | 428,62 | 289,71 | 1.533,47 |
| Pinar de pino salgareño (P. nigra) | — | 67,88 | 165,82 | 174,01 | 198,41 | 468,52 | 1.074,64 |
| Mezcla coníferas autóctonas mediterráneas | — | 96,01 | 182,56 | 233,30 | 181,75 | 193,49 | 887,11 |
| Bosque ribereño | 0,13 | 140,97 | 158,29 | 202,47 | 230,41 | 148,09 | 880,36 |
| Bosques mixtos de frondosas autóctonas | 0,09 | 37,82 | 112,51 | 193,38 | 181,11 | 83,10 | 608,01 |
| Mezcla coníferas y frondosas autóctonas | 0,04 | 35,94 | 70,10 | 117,29 | 191,27 | 87,77 | 502,41 |
| Quejigares (Quercus faginea) | — | 4,24 | 10,84 | 13,43 | 11,71 | 5,33 | 45,55 |
| Enebrales (Juniperus spp.) | — | 5,97 | 4,24 | 5,85 | 9,77 | 9,78 | 35,60 |
| Sabinares albares (Juniperus thurifera) | — | 0,02 | 1,10 | 15,74 | 13,29 | 0,08 | 30,23 |
| Fresnedas (Fraxinus spp.) | — | 0,64 | 1,23 | 3,73 | 2,71 | 0,26 | 8,56 |
| Abedulares (Betula spp.) | — | 0,77 | 0,61 | 0,13 | — | — | 1,51 |
| Acebuchales (Olea europaea var. sylvestris) | — | 0,02 | 0,14 | 0,55 | 0,20 | — | 0,90 |
| Choperas y plataneras de producción | — | 0,08 | 0,70 | 0,05 | — | — | 0,83 |
| TOTAL | 6,90 | 2.558,71 | 4.800,21 | 7.430,15 | 10.046,85 | 8.170,63 | 33.013,43 |
Tipología forestal afectada
Superficie agrupada por gran tipología forestal (coníferas, frondosas, mixto y no arbolado), a partir del mismo cruce del perímetro del incendio con el Mapa Forestal de España (MFE25) usado en la tabla de especies.











