El quejigo andaluz de Los Alcornocales: dos generaciones de un roble relicto y las cicatrices de la seca

Crónica de una visita técnica al Parque Natural Los Alcornocales, donde el Quercus canariensis y el alcornoque conviven, se relevan y hoy afrontan juntos el reto del decaimiento forestal.

Un bosque que parece detener el tiempo

Hay bosques que se recorren y bosques que se leen. El quejigar de Los Alcornocales pertenece al segundo grupo: cada árbol es una página de historia forestal, ecológica y humana. El pasado 16 de julio, un equipo de Selviaula visitó estas masas en el marco del proyecto FarClimate para observar sobre el terreno cómo se comporta uno de los robles más singulares de la Península Ibérica, el quejigo andaluz o quejigo moruno (Quercus canariensis Willd.), y cómo dialoga con su compañero inseparable en estas tierras, el alcornoque (Quercus suber).

El quejigo andaluz es un roble relicto del Terciario que ha sobrevivido gracias a un microclima excepcional. En estas sierras la precipitación media supera con holgura los 1.000 mm anuales, llegando a superar los 1.400–1.500 mm en las cotas más altas de la Sierra del Aljibe, lo que convierte a este enclave en una de las zonas de mayor pluviosidad de Andalucía —y, según algunas fuentes, de España—. 

A esa lluvia abundante se suman las nieblas de levante, que aportan humedad incluso en pleno estío, alcanzando aportaciones de hasta 300 mm anuales. Es ese colchón de agua y humedad ambiental el que ha permitido la supervivencia de un cortejo de especies relictas, como el rododendro (Rhododendron ponticum subsp. baeticum) y un nutrido grupo de helechos, en los característicos «canutos» (los valles fluviales umbríos del parque).

Punto de partida: el Centro de Visitantes y la suberoteca

La jornada arrancó en el Centro de Visitantes del parque, donde el equipo fue recibido por la dirección del centro. Antes de adentrarnos en el monte tuvimos ocasión de contemplar una pieza singular: la suberoteca, una colección que permite comprender de un vistazo la diversidad de calidades y usos del corcho, materia prima que ha marcado la economía y el paisaje de esta comarca durante siglos.

Ilustración 1: Calas de corcho procedentes del Plan de Calas

Para quien quiera profundizar en el aprovechamiento del corcho en Andalucía, la Junta ofrece información específica sobre la suberoteca del alcornocal (consultar aquí).

Primera parada: un quejigar mixto con dos generaciones

La primera parada nos llevó a un rodal mixto de quejigo andaluz y alcornoque, propiedad de la Consejería de Medio Ambiente. Aquí la historia de la gestión se lee directamente en la estructura del arbolado.

La herencia de la Marina

Durante buena parte del siglo XVIII y hasta el XIX, estos montes fueron administrados por la Marina, que los explotó intensamente para abastecer de madera a los astilleros de Cádiz. El quejigo andaluz era especialmente apreciado para la construcción naval —proporcionaba quillas y cuadernas de gran calidad—, hasta el punto de que en 1780 se llegaron a marcar más de 16.000 ejemplares con destino a los arsenales.

Los técnicos que nos acompañaron explicaron que la Marina gestionaba mediante cortas «a hecho», reservando en muchos puntos ejemplares trasmochados. Este manejo, mantenido durante generaciones, dejó una impronta profunda en la fisionomía del bosque que todavía hoy podemos reconocer.

El abandono de los años 60 y el relevo generacional

El abandono de las cortas en la década de 1960 marcó un punto de inflexión. Al cesar los aprovechamientos, el bosque inició una recuperación espontánea. El resultado es un rodal donde conviven hoy dos generaciones claramente diferenciadas:

  • Los trasmochos veteranos: viejos ejemplares resultado del manejo histórico, distanciados unos 20 metros entre sí, testigos de la estructura que dejó la explotación tradicional.

Ilustración 2: Ejemplar trasmochado de Q. canariensis

Una pista ecológica reveladora: la tolerancia a la sombra

Uno de los detalles más llamativos de esta parada tiene valor casi de indicador ecológico. Numerosos ejemplares jóvenes de quejigo han crecido a la sombra de los alcornoques y han logrado atravesar su copa hasta emerger por encima. Esto evidencia que el Quercus canariensis es una especie tolerante a la sombra del alcornoque, un rasgo clave para entender la dinámica de estas masas mixtas: el quejigo puede instalarse bajo el dosel del alcornocal llegando incluso a dominar a ejemplares adultos de alcornoque. Es un comportamiento que conviene tener muy presente a la hora de planificar la selvicultura de estos rodales.

El alcornoque sigue produciendo corcho

Junto a los quejigos conviven alcornoques de buen porte que continúan siendo descorchados para la extracción de corcho, lo que recuerda que estas masas mantienen un aprovechamiento activo y compatible con la conservación cuando se gestiona de forma adecuada.

Segunda parada: un alcornocal abierto marcado por la seca

La segunda parada ofreció un contraste notable: un rodal de alcornoques con una fracción de cabida cubierta abierta —es decir, con las copas sin llegar a tocarse y con espacios libres entre árboles— afectado por un importante episodio de seca.

Ilustración 4: Alcornoque en pleno decaimiento causado por la seca.

¿Qué es la «seca» del alcornocal?

La «seca» es el término popular con el que se conoce el decaimiento y la muerte de encinas y alcornoques, la principal enfermedad que afecta a estas especies desde comienzos de los años 80. Se manifiesta de dos formas: un decaimiento lento, con caída gradual de la hoja y ramas defoliadas, y una muerte súbita, con secado rápido de ramas y del árbol entero.

Aunque se le han atribuido causas diversas (sequía, encharcamientos, insectos, cambios de uso), la investigación en Andalucía señala al oomiceto Phytophthora cinnamomi como el principal agente asociado a la forma más grave y extensa, la podredumbre radical. Este patógeno de suelo destruye las raíces absorbentes y deja al árbol incapaz de captar agua y nutrientes. El decaimiento suele agravarse cuando confluyen episodios de estrés hídrico, encharcamiento y debilitamiento del arbolado, un cóctel cada vez más probable en un contexto de cambio climático.

La respuesta selvícola: cortas sanitarias

En este segundo rodal se habían ejecutado cortas sanitarias, retirando el arbolado decaído por la seca. Es una intervención habitual para reducir focos de inóculo y limitar la propagación, pero que a la vez abre el dosel y modifica las condiciones del rodal, con consecuencias que conviene vigilar de cerca en el medio plazo.

Ilustración 5: Zona afectada por la seca que ya ha tenido cortas sanitarias. Observese la falta de relevo dpor parte de alcornoques jóvenes y la dominancia actual del matorral heliófilo.

Lecciones de una jornada de campo

Las dos paradas cuentan, en realidad, la misma historia desde dos ángulos. La primera muestra la capacidad de recuperación del bosque cuando cesa la presión intensiva: el quejigo andaluz, liberado de las cortas de la Marina, ha demostrado que sabe regenerarse y ganar terreno bajo la protección del alcornoque. La segunda recuerda que esa resiliencia tiene límites y que hoy aparecen amenazas nuevas —como la seca— que ponen a prueba la salud de todo el sistema.

La gestión de estas masas relictas exige, por tanto, una selvicultura fina: favorecer el relevo generacional del quejigo, respetar la convivencia con el alcornoque, actuar con prudencia frente a la seca y, sobre todo, poner en valor un bosque que ya no vale por sus quillas de barco, sino por su biodiversidad, su papel en la regulación del agua y su condición de refugio de un pasado geológico que casi ningún otro bosque europeo conserva.

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